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Sobre Nosotros

Crianza del 89. Amante de las motos bellas por fuera y con carácter por dentro, es decir, italianas.

Y el culpable de esta pasión, no podía ser otro que un italiano, un tal Valentino Rossi, que allá por el año 99 me engancho al gas en sus duelos con Capirossi y Ukawa en el mundial de 250cc. Desde entonces Él es mi guía e inspiración, tanto en las motos como en la vida.

MANIFESTO

 Así pues, mi primera moto, por llamarla de una forma, fue una Aprilia SR 50, como no, lo primero que hice fue colocarle unos flamantes 46 a ambos lados de su carrocería y vestirme con el casco de Il Dottore. No podía ser más feliz. Pero como dije, lo de llamar moto a eso igual era demasiado optimista, y al año siguiente di el paso verdadero, y adquirí mi primera gran moto, una Ducati Monster 750, alias “monstruita”, con su gran par y sonido inconfundible de las ultimas monster de carburación. Una moto que reconstruí y cafetee para que tuviera una esencia propia y única de la marca italiana…y que por cosas del destino, al igual que esa moto hizo que el amor por las dos ruedas se quedara en mi corazón, también me enseño lo duro de este mundo: un accidente en el que me rompí el cuello y salve la vida de milagro, y que como bonito recuerdo me dejo el chasis de la monstruita en mi cuello bajo una bonita cicatriz.

 

 Y es que,  una de las cosas más bonitas que tiene este mundo es su norma número 1, aplicable a las dos ruedas y a todo aspecto de esta vida: “SI TE CAES TE LEVANTAS”.

 Y eso fue lo que hice, al pie de la letra, dos meses más tarde de ese accidente, y aun llevando collarín, volví a ir sobre 2 ruedas.. la culpable fue otra italiana, otra Monster, pero la hija nueva de la familia, la Ducati Monster 696. Tras retomar la confianza que estas máquinas con alma, como diría el gran Vale, te dan, di un paso más, y cambié la hermana pequeña por la mediana (que promiscuo soy…) y adquirí la Monster 796, blanquita, monobrazo, y un sonido endiablado con esos escapes de fibra de Leo Vinci. Y como promiscuo que dije que soy, me fije en la vecina de enfrente, cambie Bolonia por Milán, y adquirí una Mv Agusta Brutale 675. Que decir de esta moto… el nombre no podría haber sido mejor elegido. Peeero, como promiscuo que soy, volví a ser infiel, y esta vez mi traición no tuvo limites, ya no cambiando de ciudad, si no de país…y adquiriendo el mayor sacrilegio para los amantes de las motos italianas… una “JAPO”.

Ahora en mi relación abierta, además de mi fiel y bella Brutale, me acompaña una preciosa y poderosa Suzuki GSXR600. Y es que, en este mundo, en la variedad, está el gusto.

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