Mi primera vez.

Recuerdo como si fuera ayer los nervios e ilusión previos a enfundarme el casco y la cordura para emprender la que sería mi primera aventura a lomos de una motocicleta.

Quería hacerlo bien, quería aprender de mi primo que ya tenía una consolidada trayectoria en el mundo de las dos ruedas e iba a lomos de su Aprilia SL 1000 Falco negra, quería sobre todo D I S F R U T A R de lo que sabía a la postre, iba a ser una experiencia que recordaría toda mi vida, quería aprender lo que podían ofrecerme esos humildes 34 CV de mi Kawasaki ZZR 250 sobre los que iba montado, en definitiva, todo se resumía en que fuese especial.

Sí, como aquel chiquillo/a que se dispone a mantener relaciones por primera vez, quería que esa experiencia fuese mágica y como tal, fui un poco atenazado por los nervios propios de la inexperiencia.

Mi primo estaba esperándome en la gasolinera más próxima a mi casa, haciendo aspavientos porque llegaba un poco más tarde de la hora de quedada (había mimado hasta el último detalle antes de salir y <>).

Repostamos y salimos raudos hacia nuestro destino, Muel, un pequeño municipio situado a escasos 40 kms. de mi ciudad natal, Zaragoza (España) famoso por su cerámica.

Para que la ruta no resulte tan corta, los lugareños hacemos una variante a la que llamamos “La ruta Goyesca” en honor a uno de los personajes más ilustres que ha dado Aragón, Don Francisco de Goya, pintor de fama mundial nacido en un pueblecito marcado en rojo en nuestro itinerario.

Los primeros kilómetros (unos 15) hasta llegar al desvío de Botorrita, transcurren por una carretera nacional infestada de rotondas con las que juguetear. Ahí, empecé a darme cuenta de que intentar llevar el ritmo de mi primo iba a ser una quimera, tanto por prestaciones de nuestras motos, como por conducción, ya que era mucho más rápido que yo, así que decidí centrarme en trazar bien y disfrutar en lo posible del paisaje invernal que nos brindaba el noviembre maño.

Una vez llegados al desvío de Botorrita, un pueblecito más de “la España vaciada”, pude comprobar que el asfalto no estaba en unas condiciones óptimas (por decir algo), más bien estaba bacheado y con tramos en los que había que estar muy atentos a la gravilla existente en los márgenes de la carretera.

Pese a esto, mi ilusión inicial no decreció porque empecé a tomar mis primeras curvas enlazadas (curvas lentas de 2ª y 3ª) y a disfrutar de esa sensación única de adrenalina que produce pilotar una moto.

A todo esto, las adversidades fueron creciendo ya que lo que en principio era un cielo encapotado propio del invierno, se transformó en una fina lluvia perfecta para practicar mi frenada y comprobar el estado de mis neumáticos… pues bien, debido a los años que tenían las ruedas (unos tres), unido con los componentes de serie algo “pobres” de la ZZR, convirtieron mi moto en un hierro difícil de conducir para un novato.

Después del tercer susto, decidí calmarme, bajé el ritmo, perdí de vista a mi primo y supuse que me esperaría en el siguiente desvío o pueblo (como así hizo).

La ruta siguió su transcurso con ese calabobos constante que no impidió echarnos un cafecito (obligatorio y mejor si es un almuerzo) en “El Rincón de Goya” un bar del municipio de Fuendetodos, que como reza su cartel de entrada es “La casa natal de Goya” donde paramos todos los moteros de la comarca y no es raro ver varios de ellos tomando algo allí en un ambiente relajado charloteando.

Ya con la cafeína haciendo su efecto (cosa que no necesitaba por la adrenalina que iba acumulando en la ruta), proseguimos el viaje con la agradable sorpresa de ver que no llovía y la carretera no estaba muy mojada.

Aún así, continué llevando un ritmo muy tranquilo, casi soporífero, en mi afán de llegar de una pieza a casa.

¡Y así fue!, tras llegar a Muel, decidimos hacer la vuelta a Zaragoza por la autovía ya que el día desgraciadamente no invitaba a seguir dando gas por carreteras secundarias.

Al llegar a la ciudad, mi primo y yo nos despedimos para dirigirnos cada uno a nuestra casa. Agradecerle los consejos que cafeteando me dio sobre que no estuviera nervioso, que disfrutase y fuese a un ritmo en el que me encontrara a gusto (consejos que sigo aplicando hoy).

Mis sensaciones al llegar a casa y quitarme la cordura fueron un poco contradictorias. Estaba alegre porque había cumplido el sueño de sentirme motero y poder hacer una ruta con mi propia burra, pero por otra parte estaba un poco desanimado porque las condiciones climatológicas no habían sido las idóneas para estrenarse y me había encontrado muy tensionado conduciendo.

Dicho esto, y miles de kilómetros después, comprendí que da igual cómo sea la primera vez, simplemente se tiene que pasar y disfrutar a nuestra manera y recordar que ese momento ya no nos lo quitarán jamás.

A esta iglesia sí que me apunto: CLUB OF NEWCHURCH

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Soy un apasionado de las carreteras del Tirol austriaco. En cuanto empieza a derretirse el hielo de los numerosos puertos de montaña, es cuando el ímpetu por subirme en la moto y perderme por estos parajes empieza a volverme demente…

El pasado fin de semana tuve la suerte de acudir a una concentración/festival motero en el Tirol austriaco. Hace más de un año me encontraba en quizá mi localidad favorita, llamada Neukirchen am Großvenediger, un bellísimo paraje atrapado en un valle alpino, rodeado de, para un humilde servidor, el mejor puerto de carretera de montaña para moto: Großglockner Hochalpenstraße. Dedicaremos una (al menos) entrada a esta legendaria carretera que alcanza los más de 2.500 mts. de altitud.

El caso es, que entonces observé en un cartel la concentración CLUB OF NEWCHURCH, que debía celebrarse desde el 16 al 23 de junio. Como uno ya lleva tiempo aquí, y se va haciendo a las costumbres de estas gentes, reservé con casi 11 meses de antelación mi económico hostal preferido (consejo para no pagar un verdadero pastizal).

 

El festival, cuyo eslogan de este año era “trae tu primer amor” (referido a motos), ofrecía una variada oferta, encerrada en la calle principal de este pueblecito, al cual, mediante el pago de unos módicos 20 € se podía disfrutar de multitud de servicios:

  • Música en directo. 4 escenarios, uno cada 100 metros donde bandas de rock y rockabilly tocaban temas propios o versionaban otros conocidos.
  • Autobús panorámico, que te daba una vuelta por todo el pueblo mientras una pareja hippie amenizaban el paseo con las canciones que la gente pedía, espectáculos urbanos…
  • Pruebas de motos. Más de 60 nuevos modelos de las marcas BMW, Triumph, Brixton, Honda, Indian y alguna más gratis para probar en subidas a un puerto de montaña en grupos guiados; asimismo también rutas guiadas durante la semana con moto propia por las sinuosas carreteras cercanas.
  • Stands con marcas de motos, preparaciones, accesorios, múltiples sitios de gastronomía local con cerveza autóctona…el increíble Motodrom de El Capitán Donald subiendo por las paredes sus Indian de principios del siglo XX..

  • Y, quizá lo mejor de todo. Las ROKKER RACE. Una loca carrera de resistencia de 24 minutos por equipos paritarios (hombre+mujer), con motos de 125 cc. 4T de todo tipo (hasta Honda Monkeys!)  y libres preparaciones. Este año, con la temática de disfrazarse de películas míticas como Starwars, la naranja mecánica, Top Gun. Un espectáculo divertidísimo sin igual, en el que sobre el asfalto todo vale con tal de ganar un puesto. Originalísima idea que, bajo el sponsorizado de Red Bull, hizo las delicias de todo el público en un circuito improvisado delimitado por balizas de paja.

El origen de este festival fue en su día un encuentro de antiguas Triumph, y aunque ahora se haya ampliado a otras marcas, las cafe racer y naked son las que predominan. El sabor que deja a uno este tipo de encuentro es imborrable, de pertenecer a una gran familia con aficiones comunes. A todas las zonas se podía acceder con la moto propia y, aunque en un principio pensé que era una amenaza, ya que la combinación cerveza+fiesta+calle angosta con motos y peatones me parecía una bomba de relojería, nada más lejos de la realidad. Nada de bebidos/drogados quemando ruedas o haciendo caballitos. Chapeau.

La semana próxima visitaré los BMW Motorrad Days en Garmisch, Baviera, por tercera vez consecutiva. Ya adelanto que no tiene nada que ver el Club of Newchurch con esto. De ello irá la próxima entrada.

Podría estar horas escribiendo sobre lo vivido, pero existiendo este vídeo resumen de los highlights de este año, mejor lo veo por enésima vez, mientras sonrío como un tonto y cuento los días que faltan para la siguiente edición.

Sube bien alto el volumen e imagínate estar allí. Del 21 al 28 junio del 2020, ¿por qué no?

 

https://www.newchurch.at/

 

Kilates, presentación; día 1.

Hola a todos.

Mi buen amigo Suitbiker  me pidió hace un tiempo colaboración para sus columnas de este nuevo blog: un pequeno proyecto en el cual un grupo de aficionados a este mundo pudiera interactuar sobre aquellos temas que nos suelen gustar a los que disfrutamos de estas malditas 2 ruedas que nos ocupan gran parte de la mente.  Así entonces, me presento brevemente…

Nací en Zaragoza en el 83, y allí estuve hasta que en el 2013 me trasladé a la capital de la Baviera alemana, Múnich en la búsqueda de un trabajo como ingeniero, donde actualmente resido.

 

Y bien, de qué temas voy a tratar?

DE MODELOS DE MOTOS, novedades, características, etc.

Desde que pude, siempre tuve 2 ruedas bajo mi trasero: esto es, empezando por todo tipo de bicis, hasta que siendo adolescente heredé un ciclomotor Suzuki de 49 cc, con una decoración Lucky Strike de un tal Kevin Schwantz… Con 18 años me saqué el carnet de moto directamente (ya que no tenía ningún tipo de interés en los coches) y me hice con una clásica moto-escuela, la primera Suzuki GS500 del 90. Con ella empecé a hacer las primeras salidas, aunque sobre todo la rodaba por ciudad. Más tarde me hice con una Honda CBR 600 F del 91; En pocos anos pasé a la Aprilia SL Falco 1000. Lamentablemente, tuve que dejarla atrás debido a mi marcha del país. Tras 2 años intentándome abrir camino en esta nueva ciudad pude asentarme y adquirir una moto usada (como todas las anteriores) BMW F800R del 2009, de la que no me separo desde hace casi 4 años.

DE MotoGP

Llevo siguiendo el mundial de motociclismo desde pequeño, aunque para ser sincero, regularmente desde el inolvidable 99, cuando Álex Crivillé ganó el primer mundial de la categoría reina para nuestro país. Desde los últimos coletazos de la era 500, pasando por las poderosas 1000, 800  y de vuelta a las 1000 he estado pegado a la TV y leyendo todo lo que podía. Intentaremos valorar las carreras y pilotos, así como lo poquito que podamos ver (y entender) de técnica de MotoGP (¿¡vale para algo el apéndice de basculante de la Ducati?!)

RUTAS

El sur de Alemania tiene dos caras para todo motero. La mala es evidente, las condiciones meteorológicas, que no permiten ni siquiera al motero más irreductible dejar la moto en el garaje 3 o 4 meses al menos hasta que la nieve desaparece. La buena, que a pocos kms. se encuentra, quizá, el mejor parque de atracciones de Europa: los Alpes y los Dolomitas. Hablaremos un poquito de las mejores rutas, y puertos de montaña.

 

No me enrollo más, Vs a todos.